Sin Itinerario | La Barra, Pacífico colombiano
Inicia una nueva aventura hacia el occidente colombiano, específicamente al Pacífico. Un recorrido de más de 680 Km de travesía en avión, bus, lancha y tractor (o moto), que cubrió todas mis expectativas, en este nuevo destino poco explorado de Colombia.
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pacifico colombiano
May 06 2018

La Barra, Pacífico colombiano.

Inicia una nueva aventura hacia el occidente colombiano, específicamente al Pacífico. Un recorrido de más de 680 Km de travesía en avión, bus, lancha y tractor (o moto), que cubrió todas mis expectativas, en este nuevo destino poco explorado de Colombia. ¡Acompáñame en esta historia Sin Itinerario!

 

 

Salimos un viernes en búsqueda del mar y la tranquilidad desde Villavicencio, luego de dos horas de camino llegamos a Bogotá, a altas horas de la noche, al hotel Bogotá House en Modelia cerca del aeropuerto, íbamos tres personas la noche nos costó 100.000 COP.  Es una casa reformada con las habitaciones dotadas de manera sencilla, pero una excelente opción para pasar la noche en Bogotá si pernoctas antes de un vuelo temprano. Madrugamos un montón el sábado, partimos en un taxi, con un valor de 18.000 COP el servicio, hacia el aeropuerto para abordar nuestro vuelo de 5:30 a.m. con rumbo a Cali.  Llegamos a las 7:00 a.m. y rápidamente tomamos un bus (7.000 COP) hacia el terminal de transportes de Cali. Desayunamos en el lugar y yo me comí una de las tan famosas empanadas vallunas que son de mis favoritas.

 

Buenaventura nos esperaba así que salimos a las 9 a.m. de Cali por la carretera que sale por el centro de la ciudad, sector Patio Bonito, no por Buga. Una buseta pequeña o “busetica” muy incómoda pero rápida (29.000 COP), las tarifas van de 23.000 a 29.000 COP, pero a mayor costo más comodidad y rapidez. La primera hora de viaje es en medio de la montaña y por una carretera en doble vía angosta, paramos en la Jagua.  Después de casi una hora llegamos a la partida de Loboguerrero donde se toma una doble calzada increíble, llena de túneles y puentes, con un paisaje más selvático, pocos poblados y un solo peaje.

 

Luego de dos horas de viaje, llegamos a Buenaventura, en mi mente tenía que el lugar era pequeño, pero para mi sorpresa y luego de 20 minutos de haber arribado, aún seguíamos cruzando la ciudad.  Tuvimos la fortuna que el conductor de la busetica nos llevó hasta el puerto, fue muy amable con nosotros y por culpa del sueño ni le pedí los datos.  Normalmente la parada es en el terminal, que queda a unas 5 o 6 cuadras del puerto, se puede entonces caminar o tomar un taxi (5.000 COP).  En la terminal entramos al baño, nos cobraron 1.000 COP pero están más o menos bien, empacamos la mochila en una bolsa (para proteger el equipaje, una recomendación, llevar a estas zonas la menor cantidad de aparatos electrónicos).  La tarifa oficial para el pasaje en lancha de Buenaventura a Juanchaco es 70.000 COP (63.000 COP el tiquete y 7.000 COP de un impuesto en puerto), te sugiero ir a las agencias directamente, que nadie te lleve, la más recomendada es Bahía Mar.  El puerto es pequeño, tiene varias agencias que parecen almacenes, no supe esto antes y pagamos 77.000 COP por persona el pasaje de ida y regreso a Juanchaco, incluyendo el impuesto, el que nos llevó de la puerta al escritorio de la agencia nos cobró comisión de 7.000 COP por cada pasaje. Al parecer por ser un fin de semana feriado estaban saliendo más lanchas para Juanchaco porque tomamos una a las 12:00 pm, pero para un día normal las horas de salida son a las 10: a.m., 1:30 p.m. y los regresos son a las 8:00 a.m., 1:00 p.m. y 4:00 p.m.

 

 

 

Ese día no llovió, iniciamos el viaje en lancha y, para nuestra fortuna, salió el sol; las lanchas son de esas rápidas con chalecos y radios. El paisaje es increíble y las palabras no alcanzan a describirlo, no pude tomar muchas fotos porque mi puesto estaba en el centro y sumado a la velocidad era complejo el registro fotográfico. Nos demoramos unos 50 minutos o menos, salimos un poco después de las 12 del mediodía y llegamos antes de las 1:00 p.m. al puerto de Juanchaco.  Nuestro destino eran las playas de La Barra, así que hay varias maneras de llegar, en lancha por la tarde en esta época por la marea alta hasta la playa (15.000 COP), en moto por la playa en la mañana temprano por la marea baja (15.000 COP), en moto por la carretera ($15.000) o correr con nuestra suerte y llegar en tractor con cambio porque venía una nevera hasta La Barra (10.000 COP).

 

 

 

Para los transportes terrestres es necesario atravesar todo el pueblo de Juachaco, hacia el fondo son como 5 cuadras y en ese sector están los tractores y las motos, la lancha se toma desde el muelle.  Tomamos el tractor como a la 1:30 p.m., nos demoramos unos 45 minutos incluyendo un transbordo. La vía es por una carretera veredal con unos tramos muy malos aunque la bajada por la montaña a caer a la playa pagó el viaje. Llegamos a las 2:15 p.m., nos dejaron prácticamente en el hostal Casa Majaguala. El lugar es mágico, aislado, y las habitaciones muy cómodas.  Sus propietarios son una pareja colombo española, ahí solo te aseguran el desayuno, que está incluido en el precio de la habitación (25.000 COP/noche).

 

 

 

La comida era lo de menos porque al lado estaba el restaurante y hostal doña Oralia (Celular: 3155893585 – Facebook: Hostal de doña Oralia), ahí almorzamos un increíble sancocho de pescado con arroz, patacón y pescado frito (corvina), luego nos fuimos para el mar.  Nos encontramos con otros pocos viajeros en la zona, y llevaban muchas cosas por recomendación de otros viajeros, agua y víveres.  No sé, si en temporada alta se requiera, pero no fue necesario para nosotras, en la Barra, donde Oralia, o hasta en ladrilleros que es a 15 min caminando se consigue de todo.  Por el contrario, es mejor no llevar cosas para no generar residuos, o si los llevas la idea es que te regreses con ellos.

 

 

 

Luego de nuestro delicioso almuerzo nos dejamos sorprender por un mar cálido, perfecto para disfrutar, con buenas olas, pero con fuerza, por lo que la recomendación es siempre de estar en una zona donde los pies toquen la arena, porque la corriente es muy fuerte.  Me sucedió algo curioso, se me cayó un arete en medio de las olas, que me encanta; pasé mucho rato jugando en las olas cuando salí del agua fue como si el mar me hubiera dicho que me llevara lo que había traído porque lo encontré en la orilla, ahí, clavado en la arena, sin poder creerlo.

 

 

 

Iniciamos un nuevo día con un desayuno con una deliciosa arepa de huevo y café donde Oralia.  Esa mañana descubrí que el único punto de señal de celular era en la playa, porque todo el mundo caminaba hacia allá pero no se metía al mar.  A las 9:30 a.m. salimos a recorrer la Bahía de Malaga, que hace parte del Parque Natural Uramba (El parque se llama Uramba porque ese es un término africano que traduce unión) un territorio de altísima biodiversidad y preferido por las Ballenas Jorobadas para su reproducción.  El recorrido inicia con la travesía hacia las piscinas de agua dulce de arrastradero, atravesando el manglar y la boca del rio San Juan (límite con el Chocó), un paseo increíble que organizamos con Claro, el esposo de Oralia, por un costo de 40.000 COP.

 

Ir a las piscinas fue cuestión de caminar hasta el poblado de La Barra para el disfrute de nuestros ojos y el grabado de los recuerdos, la playa nos recibía con un cementerio de palmas, una tonalidad gris y llena de camarones rojos, un espectáculo hermoso.  Allí, en la playa, mientras una niña comía cangrejo, nosotras tomábamos una lancha en una bahía del parque natural; a pesar de tener un poco de llovizna, terminamos con un clima perfecto para aprovechar que la lancha no tenía cubierta, la marea estaba baja y una buena parte del camino la tomamos sin motor y dejándonos llevar por la corriente, fue un experiencia increíble. Las piscinas naturales son deliciosas, tomamos un baño, es mejor hacer primero esta larga parada para permitir que la marea aumente.  El recorrido del manglar es súper diferente, aunque es una selva, hay un silencio encantador y una tranquilidad, que permite disfrutar con todos los sentidos del paisaje, y permitirse el asombro de entender como esos arboles gigantes crecen tanto y tienen tanta vida con tan poca raiz.

 

 

 

Luego de ver la desembocadura del rio San Juan y tomar un gran río, viendo indígenas y pescadores en el camino; pudimos conocer el caserío de los indígenas Bonguitos (tribu Bounan Noman) y detallar sus artesanías, los que más me gustaron unos hermosos jarrones con precios promedio de 150.000 COP negociables y que valían toda la pena llevar dinero para traerlos a casa.

 

 

 

Luego de esta travesía llegamos a almorzar frijoles con coco, plátano y queso a las 3 p.m., fue la experiencia que más me gustó del viaje, porque no sabía que podía realizarse y cada cosa fue una sorpresa para los sentidos.

 

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4 Comentarios
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4 Comentarios
  • Que recorrido más espectacular, ya quede antojado, gracias por compartir tus experiencias que nos sirven a todos los que amamos vivir la naturaleza en todas sus presentaciones, un abrazo

    07/05/2018 el 9:35 pm
    • Catalina Villalba
      Responder

      Me encanta, esa es la idea lograr trasmitir mis emociones y pasión por viajar!!! Gracias Gus

      07/05/2018 el 10:37 pm
  • Edgar Castillo
    Responder

    Ladrilleros tuvo una fama efimera debido a que USA construyó una pista de aterrizaje en la playa para hacer interdicción aérea. Todavía existe, Cata?

    08/05/2018 el 4:26 pm
    • Catalina Villalba
      Responder

      Hola Edgar, siii aún está la pista!!! toca atravesarla para ir a la barra, es bastante grande y creo que poco utilizada en estos momentos.

      08/05/2018 el 10:01 pm

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